Words / marzo 9, 2014

Room397.

Yo no estaba y tu no eras. Nos conocimos en una situación no muy normal (, pero) la ausencia de nuestras almas confirmó que tenía que ser. No podía no ser. Haciendo oídos sordos nos enamoramos de los rugidos de nuestra voz, de los latidos de nuestros dedos y del dolor.
Tanto dolor que al final tus ojos se volvieron transparentes, mis miradas estaban dirigidas a la nada y las tuyas a mis pechos, que no podían dejar de quererte… quererte cerca.
La vergüenza no existía en el escondite de nuestra pasión: La habitación 397. La habitación del horror, la habitación del fervor, la habitación que nos unió para siempre.
Aquel lugar donde tu sexo era mi boca y nuestro amor, un florero. Las 4 paredes más tristes más excitadas jamás.
La habitación 397 nos echa de menos. Dice que ya no gritas. Yo le digo que nada dura para siempre. No me cree, yo tampoco.
Pero sigo mi juego. Bailo con manos sin cuerpo, con cuerpos sin alma, con el frío del calor… Y me divierto por momentos. Falsos cuentos de hadas que empiezan y acaban siempre igual; roles que se repiten.

Como cada día despierto en la habitación 397 con un cuerpo diferente a mi lado. Me levanto, como cada día, con el pie izquierdo. Digo, como cada día “ya no estoy enamorada de ti”. Beso mis paredes. Me pongo los zapatos. Te doy tiempo para que desaparezcas.

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